sábado, 5 de marzo de 2011

San Ignacio de Moxos, tradición indígena en Beni

La caza, la pesca y la representación de espíritus protectores del entorno ecológico identifican a los indígenas de San Ignacio de Moxos, un pueblo del boliviano departamento amazónico de Beni fundado en 1689.

Según el sociólogo Ismael Guzmán, esas tradiciones están presentes en la coreografía y la indumentaria de las danzas de los originarios moxeños, el 80 por ciento de su población.

Guzmán precisó que en la llamada capital cultural de Beni y centro de la misiones jesuíticas del Cono Sur predominan las etnias chimanes, yuracarés, movimas, trinitarios e ignacianos.

Este año, Bolivia postuló ante la Unesco la Fiesta de Moxos (Ihcapekene Piesta Inasianuana) para que opte a ser declarada Patrimonio Cultural e Inmaterial de la Humanidad.

También se convirtió en un hito en esa zona la elección en 2005 de Sixto Vejerano, el primer indígena alcalde de San Ignacio de Moxos.

Vejarano funge hoy como subgobernador del departamento amazónico y recuerda que también son indígenas el actual alcalde del Municipio, el corregidor y el primer representante de Beni en la Asamblea Legislativa Plurinacional.

UNA VÍBORA GIGANTE

Los historiadores señalan que el primer pueblo de San Ignacio de Moxos fue creado en 1689 por los padres jesuitas Antonio de Orellana, Álvaro de Mendoza y Juan de Espejo.

Fuentes oficiales precisan que una fuerte epidemia de sarampión obligó a los misioneros católicos, entre 1742 y 1749, a trasladar el pueblo unos 20 kilómetros más allá, en el área donde se encuentra actualmente.

Pero la tradición oral moxeña dice que la causante del repentino traslado fue la presencia de un jichi (fiera acuática con forma de serpiente) que constantemente devoraba a las personas que se acercaban al río.

La supuesta última víctima del animal da nombre hoy a la laguna de seis kilómetros cercana la ciudad beniana.

Una figura que representa al muchacho se muestra en las orillas de este embalse, que atesora una gran variedad de especies de peces y aves.

Destacan entre estas últimas las garzas, que en la tarde suelen poblar los árboles del lugar.

Fiesta Patronal

El sitio web Amazonía boliviana señala que el 31 de julio, la fiesta patronal constituye la mayor atracción de San Ignacio de Moxos, ya que mantiene a través de unas 40 danzas una profunda relación con la tradición religiosa de las misiones jesuíticas y con las creencias indígenas.

Entre esas expresiones sobresalen los viales de los macheteros (una representación de la resurrección de Jesucristo y su ascensión a los cielos, desde la interpretación nativa) y de los achus o abuelos (que cuenta con pirotecnia y es acompañada por instrumentos de viento semejantes a zampoñas gigantes).

Guzmán también señaló que la caza y la pesca destacan en el mensaje de los cantos autóctonos y en los instrumentos nativos de los moxeños.

El experto explicó que a diferencia de las reducciones chiquitanas de Santa Cruz, aquí los indígenas mantuvieron vivas muchas de sus expresiones artísticas originarias.

Por su parte, Juan Limaica, encargado del Archivo Musical de Moxos, dijo que tras la salida de los jesuitas (que fueron expulsados el año 1767), los moxeños siguieron cultivando la música barroca.

El Archivo, por ejemplo, atesora unas siete mil partituras divididas en tres colecciones que incluyen piezas que fueron creadas en el año 1700.

Del total de esos fondos, dos mil obras fueron elaboradas específicamente en San Ignacio, acotó.

Existen partituras anónimas escritas en el idioma nativo, creadas luego de la salida de los misioneros jesuitas, lo que demuestra el alto nivel compositivo que alcanzaron los originarios moxeños.

El Archivo Musical de Moxos forma parte del Museo Viñupapaika eta Vitaresira (recogiendo nuestra vida), y reúne piezas del arte misional, restos de cerámicas de los pueblos precolombinos y reliquias de Baltasar Espinosa y Cipriano Barace, el jesuita que introdujo la ganadería en Moxos.

Un museo atesora Historia de Moxos

La historia de Moxos, de esa inmensa llanura beniana, queda esquematizada entre cuatro paredes; o es mejor decir, entre cuatro ambientes que conforman el Viñupapaika eta vitaresira (Recorriendo Nuestra Vida).

El Moxos natural, el precolombino, el misional y el actual son los temas que dominan cada una de las áreas.

La primera parte está dedicada a recordar la belleza natural que domina el paisaje local. En el sector precolombino se pueden apreciar vestigios del avanzado sistema hidráulico que manejaban los antepasados moxeños. El misional recrea parte de la obra realizada por los jesuitas en esta zona; mientras que en el último segmento se explican las fuentes económicas y la diversidad cultural actuales. Esto incluye la imagen de una migrante altiplánica en el mercado ignaciano.

El museo ocupa todo el complejo eclesiástico, que incluye el templo de la iglesia, el claustro y jardín, la sacristía y el cabildo indígena.

Esta obra se debe al aporte de las organizaciones no gubernamentales CEAM y Hoyam, junto a la parroquia de San Ignacio de Moxos.

“Es un museo del pueblo, es decir, todo lo que se expone, los textos y piezas han sido validados y proporcionados por la misma gente de Moxos”, explica Soledad González, coordinadora de CEAM.

“Es muy didáctico, con música, sonidos de la naturaleza y documentales”, agrega.

La entrada cuesta Bs 5 para mayores nacionales y 15 para extranjeros. Niños y estudiantes ingresan gratis.

LAS SIETE MARAVILLAS

- Templo misional. Es de estilo chiquitano, con columnas redondas de mara y cielo de machihembre. El altar mayor tiene tres cornisas doradas.

- Danzas folclóricas. Los moxeños tienen diversas danzas, entre las que destacan: el jerure, los achus o ichasianá, los macheteros, el sol y la luna y las moperitas.

- Archivo musical y coro del cabildo. La música guardada en la Iglesia es la base del archivo musical de Moxos, que tiene como actores a los maestros de capilla y al coro del cabildo indígena.

- Escuela musical. La Ichasi Awasare difundepiezas de los archivos misionales. Tiene un coro y una orquesta

- Plaza 31 de Julio. De estilo modernista, reconstruida por el arquitecto Alfredo Azcarrum Rivero en 1975.

- Parque Isiboro Sécure. Espacio geográfico dotado de abundante selva, ríos, flora, fauna y de gente hospitalaria.

- Laguna Isirere. Paradisiaca belleza natural enclavada en plena floresta ignaciana, llena de mitos y leyendas.