domingo, 19 de mayo de 2013

EL CASTILLO BOLIVIANO El esplendor y la opulencia de La Glorieta de Sucre

Una vida efímera. Fue erigido en 1898 y se extinguió en 1933. En sus 35 años de existencia los príncipes de La Glorieta realizaron importantes obras en beneficio de la región y del país. Es un símbolo del poder económico de esa época que ahora es historia.



Este principado pontificio se encuentra distante a 5 kilómetros de la ciudad de Sucre, capital de Bolivia, sobre la carretera troncal a la ciudad de Potosí.

A medida que el visitante se va acercando a este emblemático castillo, parecería que el tiempo se remonta hace un siglo atrás; el paisaje del camino transporta al turista a una campiña estilo europeo.

Allí donde los castillos son imágenes comunes y están envueltos dentro de un halo de fantasía medieval, donde las princesas, los dragones y por supuesto los príncipes encantados son parte habitual del escenario.

Un puente imponente de grandes dimensiones y espectacular arquitectura es el precedente de lo que existe un poco más allá. Una verdadera invitación a recorrer todos sus rincones.

De acuerdo a la descripción detallada de la página “Castillo de La Glorieta - Sucre”, en Facebook es uno de los más curiosos edificios de fines del siglo XIX, constituye un verdadero muestrario de la arquitectura ecléctica europea de esa época.



Por lo que se ve, los propietarios no pudieron escapar a la atracción de los estilos más diversos de cuanto vieron en sus viajes por el viejo continente; por ello, La Glorieta resulta un conjunto de cuerpos diferentes, cada uno de ellos realizados en un estilo distinto, mezclando a veces dos o tres, juntando los estilos gótico, manierista, barroco, rococó, neoclásico y mudéjar.

La historia del castillo gira en torno al gran amor que se tuvieron don Francisco de Argandoña y doña Clotilde Urioste de Argandoña, quienes el 28 de diciembre de 1898 recibieron la bula de su santidad el papa León XIII y ahí instituyeron el Principado de La Glorieta, quienes llevaron un vida de reyes en los tiempos del Sucre aristocrático.

¿QuiÉnes eran los príncipes?

Francisco Argandoña nació en la ciudad de Potosí en 1850, estudió Mineralogía en el Instituto Inglés "Mackay" de Valparaíso, en Chile. A su retorno al país empezó a trabajar en la Compañía Minera Huanchaca, donde logró comprar acciones por un valor de 200 mil pesos. Es así como en 1868 se instaló en la ciudad de Sucre, donde desarrolló una amplia labor filantrópica y caritativa.

Clotilde Urioste nació en Sucre en 1857, fue la tercera hija de don Melitón Urioste Gómez y de doña Clotilde Velasco del Rivero; la bautizaron con los nombres de Romualda Clotilde Urioste Velasco. Asistió a la escuela primaria, luego aprendió francés y recibió clases de piano.

En 187, a la edad de 17 años, Clotilde contrajo matrimonio con don Francisco Argandoña. En 1878 se produjo un verdadero auge en la mina Huanchaca, se empezó a extraer la plata a raudales enriqueciendo las arcas de Francisco y Clotilde.

En 1890 Francisco Argandoña tenía ahorrado un monto de dinero muy importante y quiso invertirlo en algo diferente a las minas. Recurrió al consejo de su cuñado Clodoveo Urioste Velasco, -quien era un experto en transacciones financieras-, le aconsejó que el mejor negocio era abrir un banco.

En 1892, el "Banco Francisco Argandoña" fue inaugurado y se erigió como banco de emisión de dinero y comercial de acuerdo a las leyes de 1890 y 1891. Gracias a las condiciones imperantes en ese tiempo invertir el capital de Francisco Argandoña en el Banco fue el mejor negocio que pudo darse. Tuvo una vigencia de 20 años desde 1892 a 1912.

En 1876 la pareja realizó su primer viaje a Europa, con el propósito de pasear y conocer el viejo continente.

A lo largo de su vida conyugal la pareja no pudo concebir familia, pero demostraron tener un noble corazón realizando obras de beneficencia orientadas a la educación, con la creación de los asilos de huérfanos Santa Clotilde y San Francisco en 1882.

Y fue en una visita a Roma donde presentaron sus credenciales al Sumo Pontífice donde aprovecharon la oportunidad para informar al papa León XIII que ellos fundaron y mantenían dos asilos de huérfanos en su país, con casi un centenar de niños.

Inmediatamente la autoridad religiosa sintió mucha simpatía por la generosidad de la pareja y decidió premiarles otorgándoles la Bula Ereccional, nombrando Príncipes de La Glorieta a don Francisco Argandoña y doña Clotilde Urioste.

Posteriormente Argandoña fue Ministro Plenipotenciario en la presidencia de Mariano Baptista, por lo que la pareja vivió varios años en Francia, de donde trajeron el diseño para construir algunas obras en Sucre y en especial el castillo.



El castillo… el resguardo de sus amores
Don Francisco y doña Clotilde vivieron en un lugar de ensueño que comenzó a ser construido en 1893 bajo el diseño del arquitecto ítalo-argentino Domingo Antonio Camponovo y fue concluido en 1897.

El ingreso al palacio se realiza a través de un impresionante camino de cedros añejos que conduce hacia una hermosa reja de hierro forjado, que da acceso a un amplio espacio con piso de laja y donde resalta a simple vista las tres torres que engalanan la monumental estructura.

¿Qué pasó después de la muerte de los Argandoña?

Francisco Argandoña Revilla y Clotilde Urioste Velasco construyeron su reinado en las hectáreas de bellos jardines y en un lujoso hogar. Cada uno de los rincones, cada puerta y cada árbol de este singular palacio, construido por el arquitecto de origen italo-argentino Domingo Antonio Camponovo y todo fue pensado para demostrarle al mundo el poder, la riqueza y la estirpe de esta pareja.

El 27 de agosto de 1910 en Francia, luego de una corta dolencia, falleció don Francisco Argandoña, a la edad de 60 años. Es entonces que el "Principado de La Glorieta" comienza a extinguirse.

Al fallecimiento de su esposo, Clotilde permaneció algún tiempo en París. En 1919 decidió la fusión del Banco Argandoña con el Banco Nacional de Bolivia, también instaló dos fábricas en Sucre una de tejidos de casimir y otra de sombreros de fieltro.

En 1932 estalló la guerra entre Bolivia y el Paraguay, Clotilde decidió trasladarse a Sucre con el objeto de brindar ayuda al Gobierno de Bolivia, se interesó en la pronta construcción del camino carretero Sucre - Lagunillas, de importancia vital para la movilización del contingente bélico, con ese motivo influyó en el Banco Nacional de Bolivia, del cual era la principal accionista, para que otorgará un préstamo al Gobierno.

El 15 de diciembre de 1932, el Concejo Municipal, declaró Hija Predilecta de la Capital de Bolivia a Clotilde Urioste vda. de Argandoña. El 29 de octubre de 1933 murió Clotilde Urioste, con 76 años. Ese día el Gobierno de Bolivia declaró duelo nacional. Ambos están enterrados en uno de los mausoleos más pomposos del cementerio general de Sucre.

Como la pareja no pudo procrear descendencia los bienes de la pareja pasaron a manos de los familiares más cercanos, quienes pelearon por las riquezas y se desmembró el patrimonio. Posteriormente en 1952, los campesinos saquearon el lugar. No fue hasta 1966 que uno de los herederos, Jorge Urioste, tomara la decisión de vender la propiedad al Ministerio de Defensa, -el castillo y las 40 hectáreas de terreno, en la suma de 26 mil dólares-.

Durante varios años los militares ocuparon el sitio. En 1995 El Castillo fue declarado Patrimonio Nacional y el Liceo Militar Edmundo Andrade se repliega fuera de los linderos de La Glorieta.

Según la descripción realizada por Radio Caracol en su página de internet, estas tres torres tienen nombres. Una, la del Príncipe, mide aproximadamente 40 metros y tiene 108 escalones en espiral, con una cúpula de estilo ruso bizantino en la punta. La otra es la torre de la Princesa, de estilo árabe, con 80 gradas y una vistosa decoración en las ventanas; mide cerca de 30 metros. Finalmente, la torre de la iglesia, réplica del Big Ben de Londres, tiene cuatro relojes y un campanario; el estilo gótico inglés se destaca en sus 25 metros de altura.

Al edificio central se llega luego de una corta caminata de 100 metros, por el ingreso compartido con el Liceo Militar “Teniente Edmundo Andrade”.

Lo primero que uno divisa a la derecha, en estilo renacentista francés, son las caballerizas.

El castillo en sí cuenta con alrededor de 40 ambientes, en los que se puede apreciar lujosos vitrales europeos con las iniciales de los esposos Argandoña. Portentosas arañas que cuelgan de los techos, mesas de mármol, entre otros detalles de la vida de los príncipes.

Los dueños de la mansión vivían solos con su servidumbre, aunque con frecuencia organizaban eventos sociales y recibían la visita de famosos invitados.

Los príncipes disfrutaban de los jardines que fueron construidos a la manera de los célebres de Versalles, en Francia.

A la izquierda se encuentra un barandado de hierro forjado sobre un macizo calicanto en todo el frontis del castillo que bordea la quebrada del Quirpinchaca.

En la actualidad, se mantienen varias construcciones que decoraban el parque: el quiosco de la meditación, con sus cortos pilares de fachada blanca; la casa de las muñecas, con pequeñas habitaciones y tejas; y un monumento a la diosa Vesta, la de la bondad en la mitología griega, que se erige sobre una colina.

Detrás, un lago donde los príncipes navegaban en un diminuto bote. Ellos tenían animales e incluso un ferrocarril propio, que recorría toda la avenida de los pinos —al costado del parque— hasta dar con el orfanato.

LOS SALONES DEL CASTILLO

Los salones son cuatro, pero los principales son el del Bien y el del Mal. Uno es celeste, con adornos de pan de oro representando a ángeles. Tiene una chimenea hecha de mármol blanco de Carrara, traído especialmente desde Italia.

El otro es amarillo encendido, con perros cancerberos, leones y murciélagos en el techo, también fabricados en pan de oro. La chimenea de este salón es de jade.

Cada uno de los cristales del palacio de La Glorieta llevan grabadas las iniciales de los esposos Francisco y Clotilde Argandoña.

Sus pasiones...

Del palacio pasamos a los jardines, construidos por dos jardineros italianos de apellidos Martinelli y Tonelli en base al diseño de los jardines de Versalles. Lagos artificiales, fuentes, un vivero, un pequeño criadero de aves, un templo dedicado a la diosa Vesta y otro especial para la meditación en más de dos hectáreas de terreno, no sorprenden tanto como la casa de muñecas donde la princesa de La Glorieta pasaba largas horas.

Se dice que su colección de muñecas era conocida internacionalmente por su fastuosidad y que paralelamente ella volcaba toda su atención, cuidados y amor maternal a los niños huérfanos que protegía.

Por otra parte el príncipe, apasionado por los caballos pura sangre, mandó a construir espaciosas caballerizas para los animales de paseo y para las mulas que tiraban los seis coches que se guardaban en las cocheras. Uno de estos carruajes se conserva hasta hoy.

Pero si imaginar el lujo en el que vivieron los príncipes de La Glorieta sorprende, también lo hace el que fuera una pareja tan desprendida.

Gracias a ellos, cientos de niñas y niños huérfanos de Sucre y de distintas ciudades del país, pudieron estudiar varios oficios y labrarse futuros prometedores.

Los que fueron guiados por las hermanas de Santa Ana, los pequeños jugaban en los jardines, disfrutaban de los conciertos, de los banquetes, tenían educación y servicios médicos asegurados hasta que cumplían 18 años.


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