martes, 25 de diciembre de 2018

Mirando Sucre con Gattorno



“¿Vos eres vos?”, es lo primero que se me ocurrió preguntarle cuando se sentó con nosotros en el café del mirador de La Recoleta. Y es que nuestra generación todavía lo llegó a conocer bien, porque Francisco Gattorno no es el galán de las “millennials”, Gattorno es el galán de nuestras hermanas y hasta de nuestras madres, sin embargo, es posible que su fama siga extendiéndose un tiempo más gracias a los refritos que corren en algunos canales de Televisa.

Gattorno se acercó a nosostros, curioso como es, atraído por las bolsas verdes de coca que adornaban nuestra mesa. Tomábamos cerveza y pijchábamos con mi amigo Juan Pablo Lagrava (en la foto, a la derecha) cuando aparecieron, el actor cubano y su acompañante suizo, con quien mi amigo había tenido un accidente de tránsito (así también se hacen los amigos en Sucre) y nos preguntó: “¿Venden coca abiertamente en el café?”.

Nos pidió sentarse e inmeditamente comenzamos a hablar de su visita a Bolivia, de La Paz, de lo alucinante y personal qu podía ser la experiencia de visitar el Salar de Uyuni, y luego pasamos a hablar de México, de Chiapas, de la Riviera Maya, de las profundas culturas oaxaqueñas, de las drogas iniciáticas, de la ayahuasca, del peyote y también de la coca, de sus usos, de sus efectos, y de para qué y por qué le poníamos bicarbonato de sodio. Todo esto mientras observábamos el hermoso atardecer de Sucre y Gattorno se sacaba fotos con una que otra fan que lo reconocía, siempre predispuesto de la mejor manera y con una sonrisa perfecta.

Si alguna cosa podemos decir del actor de “La Dueña” o “Cañaveral de Pasiones” es que se nos reveló esa tarde imprevista como un tipo increíblemente agradable, sin pretensiones.

Al final, tenían que irse. Para cerrar el acto, su amigo contó un chiste muy bueno sobre una liebre cocainómana y el cubano dijo: “¿Dónde están las fotos?”. El suizo nos tomó tres fotos, ellos se fueron y nosotros nos quedamos pensando que esa noche podía terminar como terminan todas las noches sucrenses: con un drama de culebrón más que mexicano.

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