Con el objetivo de revitalizar la cultura yampara y mejorar el producto turístico en el municipio de Tarabuco, proyectan la construcción de un centro cultural en esa población, distante a 60 kilómetros de Sucre.
En una alianza entre la Alcaldía de Tarabuco, la Gobernación de Chuquisaca y la Fundación Cultural del Banco Central de Bolivia, cuyos representantes se reunieron ayer, en Tarabuco, se propusieron hacer realidad en 2014 el proyecto del centro cultural.
“La Fundación Cultural del Banco Central, con toda su experiencia de manejo de varios centros culturales en el país, ha ofrecido el equipamiento y el traslado de actividades de la ciudad de Sucre, Potosí y seguramente de La Paz a este centro cultural; además el trabajo de sus técnicos para el asesoramiento no sólo de las actividades, sino el desarrollo del mismo centro”, informó el director de Cultura de la Gobernación de Chuquisaca, Juan José Pacheco.
Mientras, entre la Alcaldía de Tarabuco y la Gobernación de Chuquisaca se comprometieron a conformar un equipo técnico para financiar la restauración una de unidad educativa y convertirla en el centro cultural.
“Vamos a empezar a trabajar esta próxima semana para tener la posibilidad de inscribir los recursos lo más antes posible, seguramente en los primeros meses de la próxima gestión”, manifestó Pacheco, al señalar que la iniciativa del proyecto fue lanzada por el senador David Sánchez y tuvo el respaldo de las tres instituciones.
Actualmente, con una inversión de Bs 6 millones, se encara la construcción de un sendero empedrado de ocho kilómetros, dos miradores y un museo en la comunidad de Jumbate, además se tiene prevista la rehabilitación de la vía férrea entre Sucre y Tarabuco para la circulación de un tren turístico, según informó el Director de Cultura.
lunes, 9 de diciembre de 2013
WILA PUKARA, NUEVO ATRACTIVO TURÍSTICO EN LA PAZ
A 124 kilómetros de la ciudad de La Paz, por la carretera que une la sede del Gobierno con la ciudad de Oruro, se encuentra la población de Lawachaka, en la provincia Aroma, y a unos 20 kilómetros de ese centro poblado, se hallan las ruinas de Wila Pukara, una fortificación militar preincaica, cuyos restos y muros aún pueden ser admirados por los turistas decididos a la aventura.
LA CARRETERA. Julián Guanaco, jiliri mallku del ayllu Quesería, comunidad de Pujravi, una de las siete que forman parte de Lawachaka, explica que el alcalde del municipio de Sicasica, Wálter Maizo, ha prometido concluir el tramo carretero que une ese centro urbano con el pie del cerro en el que se encuentran las ruinas.
La idea es habilitar un nuevo punto de interés turístico en el altiplano paceño, de fácil acceso.
Wila Pukara no es un sitio de visitas frecuentes, como hace 30 años, pero lamentablemente, ha sufrido alguna depredación, por lo que debe ser protegido.
LA CARRETERA. Julián Guanaco, jiliri mallku del ayllu Quesería, comunidad de Pujravi, una de las siete que forman parte de Lawachaka, explica que el alcalde del municipio de Sicasica, Wálter Maizo, ha prometido concluir el tramo carretero que une ese centro urbano con el pie del cerro en el que se encuentran las ruinas.
La idea es habilitar un nuevo punto de interés turístico en el altiplano paceño, de fácil acceso.
Wila Pukara no es un sitio de visitas frecuentes, como hace 30 años, pero lamentablemente, ha sufrido alguna depredación, por lo que debe ser protegido.
Un paraíso chiquitano
Enclavado en la naciente e incomparable sierra chiquitana está ubicado el complejo turístico Santa Rosa de la Mina Club, donde, rodeado de naturaleza viva, de espejos de agua, bosques y el constante trinar de aves de mil especies y colores, uno encuentra, entre laderas, lomas y serpenteantes caminos, amplias y cómodas cabañas construidas al estilo colonial clásico donde no falta un detalle para el sosiego, para la celebración en familia o con amigos o, simplemente, para el rencuentro con la naturaleza.
Este complejo turístico se ubica en la puerta de entrada del circuito misional de Chiquitos a 189 km de la capital cruceña (tres horas de viaje en vehículo privado y cuatro horas en vehículo colectivo). Está a nueve kilómetros de San Ramón, sobre la carretera a San Javier.
El propietario del complejo y hospitalario anfitrión de los visitantes, Herman Antelo, no se cansa de mostrar las bondades del lugar y de hablar de los servicios que ofrece a la gente que acude interesada en pasar un fin de semana o un feriado en esas instalaciones.
Paz y tranquilidad
“Lejos del estrés y de las preocupaciones el cuerpo y la mente comienzan a relajarse y a sentir la tranquilidad que tanto ansiaban”, afirma Antelo en uno de los lugares de descanso del camino por donde se recorre la propiedad. “Esa terapia para ahuyentar el cansancio y la tensión se complementa con caminatas por senderos ecológicos, paseos a caballo o en bote, por momentos de esparcimiento en la piscina o en las lagunas, por la práctica del golf y otras actividades al aire libre”, dice demostrando sus amplios conocimientos de guía, pero más que todo de experto vendedor de propiedades rústicas en el complejo.
Servicios y comodidades
En el complejo se ofertan cabañas en alquiler para una y hasta para cuatro parejas. Además de su servicio de spa, cuenta con un amplio restaurante, con piscinas, lagunas y canchas deportivas polifuncionales. “Pero al margen del buen hospedaje no podemos pasar por alto el tema de la gastronomía que, perdonen la falta de modestia, es una de las mejores tanto en cuanto a comida internacional como a la típica cocina de Bolivia y en especial de Santa Cruz”, apunta el anfitrión de cientos de familias que acuden al complejo los fines de semana para pasar horas de tranquilidad rodeadas de naturaleza, al lado de la familia o con delegaciones empresariales, comerciales o profesionales que llegan de distintos lugares del país para asistir a seminarios o talleres que se organizan allí con el fin de que, mientras se trabaja, se goce de las cosas naturales, algo que no se encuentra en el bullicio y aire caldeado de los núcleos urbanos.
En el lugar se dispone de todos los servicios, incluyendo los de telefonía y de internet.
En visitantes asiduos se han convertido muchos grupos estudiantiles procedentes de la capital cruceña, de las poblaciones chiquitanas y de distritos del interior de Bolivia, que disfrutan sus vacaciones más que todo haciendo uso de la piscina y cabalgando o practicando deportes.
Opciones vecinas
A escasos 1,5 km del complejo está la comunidad indígena Santa Rosa de la Mina (origen del nombre del sitio), que es una opción complementaria al paseo. En este pequeño pueblo que mantiene vivas sus costumbres ancestrales, el visitante puede admirar la pequeña capilla barroca que, entre sus atractivos, además de su hermoso y antiguo retablo, expone una campana fundida por los misioneros jesuitas de la misión vecina de San Javier en 1707. Un poco más distantes están San Javier (a media hora en vehículo) y Concepción (a 1 hora y 45 minutos de viaje) y Ascensión de Guarayos (a dos horas de viaje).
Ofertas especiales
Herman Antelo, que gerenta el condominio campestre Santa Rosa de la Mina Club de Campo, explica que, aparte del alquiler de las cabañas, que reproducen el estilo cruceño, los interesados pueden adquirir su lote de terreno para construir a su gusto su propia cabaña, lo que le da derecho al uso del club house y de las innumerabes facilidades recreativas de este original complejo inmobiliario turístico hotelero.
Recordó que entre varios copropietarios de las cabañas están la reconocida modista cruceña radicada en Estados Unidos, Rosita Hurtado, gracias a quien llegó hasta el lugar, para descansar, el afamado cantante mexicano Juan Gabriel (febrero de 2012), que gozó de la tranquilidad y hermosura del complejo y consumió casi una arroba de achachairú.
Fiesta de fin de año
La administración de Santa Rosa de la Mina programó con anticipación la oferta para los que quieran despedir 2013 y recibir el Año Nuevo en medio de la naturaleza.
En primer lugar, los organizadores sugieren vestimenta al estilo hawaiano. Para la fiesta el precio por persona se fijó en Bs 400 para mayores y en Bs 100 para menores. Con alojamiento por una noche, Bs 700 por persona y Bs 350 los menores, y con alojamiento en San Ramón, Bs 600 y 300 para los menores.
El encanto de la naturaleza y de esta tierra noble chiquitana pueden ser un gran escenario para visitar e iniciar el nuevo año que está en puertas
Este complejo turístico se ubica en la puerta de entrada del circuito misional de Chiquitos a 189 km de la capital cruceña (tres horas de viaje en vehículo privado y cuatro horas en vehículo colectivo). Está a nueve kilómetros de San Ramón, sobre la carretera a San Javier.
El propietario del complejo y hospitalario anfitrión de los visitantes, Herman Antelo, no se cansa de mostrar las bondades del lugar y de hablar de los servicios que ofrece a la gente que acude interesada en pasar un fin de semana o un feriado en esas instalaciones.
Paz y tranquilidad
“Lejos del estrés y de las preocupaciones el cuerpo y la mente comienzan a relajarse y a sentir la tranquilidad que tanto ansiaban”, afirma Antelo en uno de los lugares de descanso del camino por donde se recorre la propiedad. “Esa terapia para ahuyentar el cansancio y la tensión se complementa con caminatas por senderos ecológicos, paseos a caballo o en bote, por momentos de esparcimiento en la piscina o en las lagunas, por la práctica del golf y otras actividades al aire libre”, dice demostrando sus amplios conocimientos de guía, pero más que todo de experto vendedor de propiedades rústicas en el complejo.
Servicios y comodidades
En el complejo se ofertan cabañas en alquiler para una y hasta para cuatro parejas. Además de su servicio de spa, cuenta con un amplio restaurante, con piscinas, lagunas y canchas deportivas polifuncionales. “Pero al margen del buen hospedaje no podemos pasar por alto el tema de la gastronomía que, perdonen la falta de modestia, es una de las mejores tanto en cuanto a comida internacional como a la típica cocina de Bolivia y en especial de Santa Cruz”, apunta el anfitrión de cientos de familias que acuden al complejo los fines de semana para pasar horas de tranquilidad rodeadas de naturaleza, al lado de la familia o con delegaciones empresariales, comerciales o profesionales que llegan de distintos lugares del país para asistir a seminarios o talleres que se organizan allí con el fin de que, mientras se trabaja, se goce de las cosas naturales, algo que no se encuentra en el bullicio y aire caldeado de los núcleos urbanos.
En el lugar se dispone de todos los servicios, incluyendo los de telefonía y de internet.
En visitantes asiduos se han convertido muchos grupos estudiantiles procedentes de la capital cruceña, de las poblaciones chiquitanas y de distritos del interior de Bolivia, que disfrutan sus vacaciones más que todo haciendo uso de la piscina y cabalgando o practicando deportes.
Opciones vecinas
A escasos 1,5 km del complejo está la comunidad indígena Santa Rosa de la Mina (origen del nombre del sitio), que es una opción complementaria al paseo. En este pequeño pueblo que mantiene vivas sus costumbres ancestrales, el visitante puede admirar la pequeña capilla barroca que, entre sus atractivos, además de su hermoso y antiguo retablo, expone una campana fundida por los misioneros jesuitas de la misión vecina de San Javier en 1707. Un poco más distantes están San Javier (a media hora en vehículo) y Concepción (a 1 hora y 45 minutos de viaje) y Ascensión de Guarayos (a dos horas de viaje).
Ofertas especiales
Herman Antelo, que gerenta el condominio campestre Santa Rosa de la Mina Club de Campo, explica que, aparte del alquiler de las cabañas, que reproducen el estilo cruceño, los interesados pueden adquirir su lote de terreno para construir a su gusto su propia cabaña, lo que le da derecho al uso del club house y de las innumerabes facilidades recreativas de este original complejo inmobiliario turístico hotelero.
Recordó que entre varios copropietarios de las cabañas están la reconocida modista cruceña radicada en Estados Unidos, Rosita Hurtado, gracias a quien llegó hasta el lugar, para descansar, el afamado cantante mexicano Juan Gabriel (febrero de 2012), que gozó de la tranquilidad y hermosura del complejo y consumió casi una arroba de achachairú.
Fiesta de fin de año
La administración de Santa Rosa de la Mina programó con anticipación la oferta para los que quieran despedir 2013 y recibir el Año Nuevo en medio de la naturaleza.
En primer lugar, los organizadores sugieren vestimenta al estilo hawaiano. Para la fiesta el precio por persona se fijó en Bs 400 para mayores y en Bs 100 para menores. Con alojamiento por una noche, Bs 700 por persona y Bs 350 los menores, y con alojamiento en San Ramón, Bs 600 y 300 para los menores.
El encanto de la naturaleza y de esta tierra noble chiquitana pueden ser un gran escenario para visitar e iniciar el nuevo año que está en puertas
domingo, 8 de diciembre de 2013
Pampa o selva en Rurre, dos rutas posibles, un solo destino
Por la orilla fangosa, con cuidado de no resbalar y acabar aterrizando de cabeza, un grupo de visitantes desciende hasta las dos barcazas que les esperan en la orilla del río Beni, en ese punto donde un kilómetro de agua separa a los colla-cambas de San Buenaventura de los benianos de Rurrenabaque. A través de las aguas lodosas de este río, frontera natural entre los departamentos de La Paz y Beni y que forma parte de la cuenca fluvial del Amazonas, se llega a uno de los lugares más biodiversos del mundo: el Parque Nacional y Área Natural de Manejo Integrado Madidi.
Las embarcaciones, de proa en punta y popa cuadrada, están hechas de madera. Tienen un techo sujeto por tres finas vigas a cada lado que cubre sólo la parte central de la nave. Sobre el piso, listones, también de madera, crean un falso suelo. Por debajo de él corretea el agua que se cuela una vez que comienza la navegación con rumbo al albergue Mashaquipe.
El sonido de cada motor, colocado en la popa, es constante durante todo el viaje. No se puede escuchar ni un graznido proveniente de los bosques que se asoman al río ni tampoco al compañero de travesía que —sentado al lado en una silla reclinable de aluminio recubierta de un cuero que algún día fue nuevo— intenta pedir al vecino que le saque una foto. A cambio, los viajeros tienen un rato de tranquilidad para pensar, con el calor como un vago recuerdo sacudido por el viento que provoca el movimiento de la barcaza y por el agua que hace saltar a su paso.
El reflejo del sol se distribuye entre las miles de gotas que componen el río Beni, cuyo líquido parece espeso por el color barro brillante.
A 16 kilómetros de Rurrenabaque, a unos 45 minutos de navegación, se llega al conocido Estrecho del Bala (en la página anterior), donde el cauce parte en dos la cordillera del mismo nombre. Después de la angostura, las barcazas pasan por delante del puesto de control del Sernap (Servicio Nacional de Áreas Protegidas).
Un silbido que viene de la orilla derecha hace que una de las barcas se acerque. Es una mujer con el cabello negro recogido en un moño, camisa caqui, pantalones verde botella y botas negras. Junto a ella, un cartel dice que éste es el Puesto de Control El Bala, que da acceso al Parque Madidi. La uniformada es guardaparques. “Buenas tardes. ¿Hacia dónde van? Saben que no pueden pasar sin el permiso del Sernap o del director de acá”, advierte. “Estefany…”, le dice con tono de “la misma historia de siempre” Wilmer Janco, gerente de la empresa comunitaria Mashaquipe, que va en la nave. Intercambian frases que no llevan a ningún sitio: que si tenían que haber pedido permiso porque van a cometer una infracción, que si se había avisado a la oficina central en La Paz, que hay que volver a San Buenaventura para hablar con el responsable local... Al final, Wilmer le promete que, a la vuelta, le entregará el listado con los nombres de todos los turistas.
“Ella no tiene la culpa”, la excusa el gerente cuando la barcaza retoma el viaje. Dice que todo se debe a la falta de comunicación entre la central del Servicio Nacional de Áreas Protegidas y la oficina regional. “Ése es el problema con el que topamos”. Asegura que eso dificulta la promoción turística del área que hacen los emprendedores como él. “El turismo es la mejor alternativa que tiene el Madidi para mantener su riqueza”, sentencia.
Más arriba, los visitantes dejan el río Beni y enfilan por uno de sus afluentes, el Tuichi, por el que las barcas arriban al embarcadero de Mashaquipe. Tras subir la escarpada orilla se entra al bosque. En unas gradas formadas por raíces de árboles, llaman la atención de los viajeros unas pequeñas hojas verdes que se mueven sobre el suelo húmedo bajo el follaje. Más de cerca, se aprecia que son decenas y decenas de hormigas que transportan su alimento formando una impecable fila.
Más adelante, en los claros de la selva, se alzan construcciones hechas de palmera y bambú. La primera de ellas no tiene mosquiteras: es un cuarto lleno de camas donde duermen los empleados del albergue, de la etnia tacana. La mayoría son de la comunidad, que está fuera del parque, a 40 minutos de navegación desde Rurrenabaque. Allá, los comunarios, además de trabajar en el emprendimiento, se dedican a cultivar papaya, plátano, yuca, verduras… “Lo básico”, dice Wilmer. Y algunas mujeres producen vino de asaí, el fruto de una palmera del mismo nombre.
La empresa, creada en 2005 y en pleno funcionamiento desde hace tres años, ha crecido tanto que ya tiene trabajadores de otros poblados de la zona. Wilmer destaca que el albergue se fundó y ha ido creciendo sin ningún tipo de financiación, a diferencia de otros emprendimientos comunitarios que hay en el lugar.
Los baños no parecen estar en medio de la selva: bien equipados y limpios, funcionan con agua de una vertiente cercana que luego se acumula en un tanque de 2.500 litros. Los desagües van a parar a fosas sépticas donde el líquido desechado se depura y luego se reincorpora a los flujos subterráneos. La energía eléctrica se produce con motor. “Queremos paneles solares pero son caros”, comenta Wilmer. Otro sueño del gerente sería lograr capacitación para los trabajadores en el trato con los turistas e idiomas, porque el 90% de los visitantes que llegan a Mashaquipe son extranjeros.
En plena jungla
Chichilos, marimonos y lucachis son parte de la fauna que puede observarse en el lugar, sobre todo durante las caminatas —diurnas y nocturnas— que pueden realizar los alojados. También hay variedad de aves, y por eso los comunarios han habilitado un mirador frente al Tuichi para ver el vuelo de los pájaros.
Otras actividades que se pueden realizar son el rafting rústico, pesca en alguna de las lagunas que hay dentro del parque y preparación de la comida del lugar.
Pero el pescado que se sirve en el albergue no es del Madidi: se compra en el mercado de Rurrenabaque, por respeto a la conservación de las especies animales del parque.
En el comedor aparece un hombre vestido con la típica ropa de chef, lo cual llama bastante la atención aquí en medio, donde la naturaleza muestra cosas tan sencillas como la planta de la que nacen las piñas, algo sorprendente para los que son demasiado citadinos.
Es Wilson Conde, el cocinero del emprendimiento. Trae varios platos: surubí a la tacuara (cocido con sal dentro de una caña de bambú); surubí en hoja (como el otro, sólo está condimentado, y se cocina en hoja de palmera similar a la japaina); pique a lo macho; pollo en salsa y dos tipos de arroz. Y, para apagar la sed, jugos de sandía y piña. Tampoco falta el postre: crema de chocolate.
Mashaquipe es una palabra de origen tacana que significa “varias cosas juntas”. En esta parte del Madidi, los comunarios tenían casas que decidieron reconvertir en un emprendimiento etno-eco-turístico. Pero hace unos meses, la empresa ha abierto un nuevo alojamiento: El Refugio de los Monos. Así hacen honor, en parte, a su nombre: tienen varias cosas, aunque no juntas. El nuevo campamento se encuentra a orillas del río Yacuma, a 30 minutos en barca desde la orilla cerca de Santa Rosa de Yacuma y a tres horas por carretera de tierra (barro, en esta época del año) de Rurrenabaque, y totalmente diferente: en vez de la frondosidad y los cerros tupidos que caracterizan el Madidi, en esta parte del Beni predominan las llanuras por la que reptan anacondas y sobre cuyos árboles reposan pájaros exóticos como las aves del paraíso, con cara azul y cresta estilo punk, que se dejan observar indiferentes al paso de las barcas llenas de turistas curiosos.
Recorrer el río Yacuma es muy diferente a realizar una travesía por el Tuichi o el Beni. En la época seca tienen una similitud: el color barro del agua. De julio a octubre, las riberas y playas de las orillas son perfectamente visibles y en ellas disfrutan del sol los lagartos, los caimanes y las capibaras, y los monos se asoman desde los árboles con su algarabía pidiendo algo para comer. En época de lluvia —de noviembre a mayo— el río se desborda y los animales se internan en el bosque lo que dificulta que sean apreciados por los visitantes. También crea lagunas en lugares a los que no se puede acceder. Por algo esta zona es importante para la conservación de las sabanas inundables de los Llanos de Moxos, en Beni.
En diciembre es más complicado ver a la fauna en el Yacuma: algunas garzas y otros animales alados totalmente empapados esperando sobre una rama a que pase la lluvia; los ojos de un lagarto o el salto juguetón de un bufeo en el agua.
Aquí, los emprendimientos comunitarios están en el margen del cauce, hechos de madera sobre vigas para alejar las habitaciones del suelo, húmedo e inundable.
Recorrer el río para bañarse en los remansos donde abundan los delfines rosados, practicar la pesca deportiva de la piraña o recorrer a pie los humedales en busca de serpientes de hasta seis metros de largaria son las opciones para pasar el rato en este lugar que está dentro del Área Protegida Municipal Pampas del Yacuma. Con 616.453 ha es, probablemente, la zona más grande del mundo en su categoría, a la que ingresan cada año 20.000 turistas, casi todos extranjeros, lo que la convierte en la segunda área protegida más visitada de Bolivia, tras la Reserva Eduardo Abaroa, que recibe 80.000.
Del 15 al 17 de noviembre se celebró en Santa Rosa el Segundo Taller Nacional de Turismo Comunitario en Áreas Protegidas de Bolivia. En él, el viceministro del área, Marko Machicao, afirmó que el desarrollo de actividades turísticas ha sacado de la pobreza a alrededor de 170.000 personas en el país durante los últimos años. Pero los comunarios del Madidi piden más apoyo, y no sólo ellos: también los empresarios privados de Rurrenabaque, que es el tercer municipio turístico de Bolivia por detrás de Uyuni y del lago Titicaca, con 61.000 visitantes al año (según datos oficiales de 2010). Sin embargo, es parte de Destino Amazonía y no se promociona el municipio en sí mismo. Según el Viceministerio de Turismo y los representantes del empresariado local, esto se debe a que la Ley Marco de Autonomías da potestad a las alcaldías para hacer políticas en este ámbito, pero Rurrenabaque no ha solicitado, por ahora, ser un destino turístico.
Las embarcaciones, de proa en punta y popa cuadrada, están hechas de madera. Tienen un techo sujeto por tres finas vigas a cada lado que cubre sólo la parte central de la nave. Sobre el piso, listones, también de madera, crean un falso suelo. Por debajo de él corretea el agua que se cuela una vez que comienza la navegación con rumbo al albergue Mashaquipe.
El sonido de cada motor, colocado en la popa, es constante durante todo el viaje. No se puede escuchar ni un graznido proveniente de los bosques que se asoman al río ni tampoco al compañero de travesía que —sentado al lado en una silla reclinable de aluminio recubierta de un cuero que algún día fue nuevo— intenta pedir al vecino que le saque una foto. A cambio, los viajeros tienen un rato de tranquilidad para pensar, con el calor como un vago recuerdo sacudido por el viento que provoca el movimiento de la barcaza y por el agua que hace saltar a su paso.
El reflejo del sol se distribuye entre las miles de gotas que componen el río Beni, cuyo líquido parece espeso por el color barro brillante.
A 16 kilómetros de Rurrenabaque, a unos 45 minutos de navegación, se llega al conocido Estrecho del Bala (en la página anterior), donde el cauce parte en dos la cordillera del mismo nombre. Después de la angostura, las barcazas pasan por delante del puesto de control del Sernap (Servicio Nacional de Áreas Protegidas).
Un silbido que viene de la orilla derecha hace que una de las barcas se acerque. Es una mujer con el cabello negro recogido en un moño, camisa caqui, pantalones verde botella y botas negras. Junto a ella, un cartel dice que éste es el Puesto de Control El Bala, que da acceso al Parque Madidi. La uniformada es guardaparques. “Buenas tardes. ¿Hacia dónde van? Saben que no pueden pasar sin el permiso del Sernap o del director de acá”, advierte. “Estefany…”, le dice con tono de “la misma historia de siempre” Wilmer Janco, gerente de la empresa comunitaria Mashaquipe, que va en la nave. Intercambian frases que no llevan a ningún sitio: que si tenían que haber pedido permiso porque van a cometer una infracción, que si se había avisado a la oficina central en La Paz, que hay que volver a San Buenaventura para hablar con el responsable local... Al final, Wilmer le promete que, a la vuelta, le entregará el listado con los nombres de todos los turistas.
“Ella no tiene la culpa”, la excusa el gerente cuando la barcaza retoma el viaje. Dice que todo se debe a la falta de comunicación entre la central del Servicio Nacional de Áreas Protegidas y la oficina regional. “Ése es el problema con el que topamos”. Asegura que eso dificulta la promoción turística del área que hacen los emprendedores como él. “El turismo es la mejor alternativa que tiene el Madidi para mantener su riqueza”, sentencia.
Más arriba, los visitantes dejan el río Beni y enfilan por uno de sus afluentes, el Tuichi, por el que las barcas arriban al embarcadero de Mashaquipe. Tras subir la escarpada orilla se entra al bosque. En unas gradas formadas por raíces de árboles, llaman la atención de los viajeros unas pequeñas hojas verdes que se mueven sobre el suelo húmedo bajo el follaje. Más de cerca, se aprecia que son decenas y decenas de hormigas que transportan su alimento formando una impecable fila.
Más adelante, en los claros de la selva, se alzan construcciones hechas de palmera y bambú. La primera de ellas no tiene mosquiteras: es un cuarto lleno de camas donde duermen los empleados del albergue, de la etnia tacana. La mayoría son de la comunidad, que está fuera del parque, a 40 minutos de navegación desde Rurrenabaque. Allá, los comunarios, además de trabajar en el emprendimiento, se dedican a cultivar papaya, plátano, yuca, verduras… “Lo básico”, dice Wilmer. Y algunas mujeres producen vino de asaí, el fruto de una palmera del mismo nombre.
La empresa, creada en 2005 y en pleno funcionamiento desde hace tres años, ha crecido tanto que ya tiene trabajadores de otros poblados de la zona. Wilmer destaca que el albergue se fundó y ha ido creciendo sin ningún tipo de financiación, a diferencia de otros emprendimientos comunitarios que hay en el lugar.
Los baños no parecen estar en medio de la selva: bien equipados y limpios, funcionan con agua de una vertiente cercana que luego se acumula en un tanque de 2.500 litros. Los desagües van a parar a fosas sépticas donde el líquido desechado se depura y luego se reincorpora a los flujos subterráneos. La energía eléctrica se produce con motor. “Queremos paneles solares pero son caros”, comenta Wilmer. Otro sueño del gerente sería lograr capacitación para los trabajadores en el trato con los turistas e idiomas, porque el 90% de los visitantes que llegan a Mashaquipe son extranjeros.
En plena jungla
Chichilos, marimonos y lucachis son parte de la fauna que puede observarse en el lugar, sobre todo durante las caminatas —diurnas y nocturnas— que pueden realizar los alojados. También hay variedad de aves, y por eso los comunarios han habilitado un mirador frente al Tuichi para ver el vuelo de los pájaros.
Otras actividades que se pueden realizar son el rafting rústico, pesca en alguna de las lagunas que hay dentro del parque y preparación de la comida del lugar.
Pero el pescado que se sirve en el albergue no es del Madidi: se compra en el mercado de Rurrenabaque, por respeto a la conservación de las especies animales del parque.
En el comedor aparece un hombre vestido con la típica ropa de chef, lo cual llama bastante la atención aquí en medio, donde la naturaleza muestra cosas tan sencillas como la planta de la que nacen las piñas, algo sorprendente para los que son demasiado citadinos.
Es Wilson Conde, el cocinero del emprendimiento. Trae varios platos: surubí a la tacuara (cocido con sal dentro de una caña de bambú); surubí en hoja (como el otro, sólo está condimentado, y se cocina en hoja de palmera similar a la japaina); pique a lo macho; pollo en salsa y dos tipos de arroz. Y, para apagar la sed, jugos de sandía y piña. Tampoco falta el postre: crema de chocolate.
Mashaquipe es una palabra de origen tacana que significa “varias cosas juntas”. En esta parte del Madidi, los comunarios tenían casas que decidieron reconvertir en un emprendimiento etno-eco-turístico. Pero hace unos meses, la empresa ha abierto un nuevo alojamiento: El Refugio de los Monos. Así hacen honor, en parte, a su nombre: tienen varias cosas, aunque no juntas. El nuevo campamento se encuentra a orillas del río Yacuma, a 30 minutos en barca desde la orilla cerca de Santa Rosa de Yacuma y a tres horas por carretera de tierra (barro, en esta época del año) de Rurrenabaque, y totalmente diferente: en vez de la frondosidad y los cerros tupidos que caracterizan el Madidi, en esta parte del Beni predominan las llanuras por la que reptan anacondas y sobre cuyos árboles reposan pájaros exóticos como las aves del paraíso, con cara azul y cresta estilo punk, que se dejan observar indiferentes al paso de las barcas llenas de turistas curiosos.
Recorrer el río Yacuma es muy diferente a realizar una travesía por el Tuichi o el Beni. En la época seca tienen una similitud: el color barro del agua. De julio a octubre, las riberas y playas de las orillas son perfectamente visibles y en ellas disfrutan del sol los lagartos, los caimanes y las capibaras, y los monos se asoman desde los árboles con su algarabía pidiendo algo para comer. En época de lluvia —de noviembre a mayo— el río se desborda y los animales se internan en el bosque lo que dificulta que sean apreciados por los visitantes. También crea lagunas en lugares a los que no se puede acceder. Por algo esta zona es importante para la conservación de las sabanas inundables de los Llanos de Moxos, en Beni.
En diciembre es más complicado ver a la fauna en el Yacuma: algunas garzas y otros animales alados totalmente empapados esperando sobre una rama a que pase la lluvia; los ojos de un lagarto o el salto juguetón de un bufeo en el agua.
Aquí, los emprendimientos comunitarios están en el margen del cauce, hechos de madera sobre vigas para alejar las habitaciones del suelo, húmedo e inundable.
Recorrer el río para bañarse en los remansos donde abundan los delfines rosados, practicar la pesca deportiva de la piraña o recorrer a pie los humedales en busca de serpientes de hasta seis metros de largaria son las opciones para pasar el rato en este lugar que está dentro del Área Protegida Municipal Pampas del Yacuma. Con 616.453 ha es, probablemente, la zona más grande del mundo en su categoría, a la que ingresan cada año 20.000 turistas, casi todos extranjeros, lo que la convierte en la segunda área protegida más visitada de Bolivia, tras la Reserva Eduardo Abaroa, que recibe 80.000.
Del 15 al 17 de noviembre se celebró en Santa Rosa el Segundo Taller Nacional de Turismo Comunitario en Áreas Protegidas de Bolivia. En él, el viceministro del área, Marko Machicao, afirmó que el desarrollo de actividades turísticas ha sacado de la pobreza a alrededor de 170.000 personas en el país durante los últimos años. Pero los comunarios del Madidi piden más apoyo, y no sólo ellos: también los empresarios privados de Rurrenabaque, que es el tercer municipio turístico de Bolivia por detrás de Uyuni y del lago Titicaca, con 61.000 visitantes al año (según datos oficiales de 2010). Sin embargo, es parte de Destino Amazonía y no se promociona el municipio en sí mismo. Según el Viceministerio de Turismo y los representantes del empresariado local, esto se debe a que la Ley Marco de Autonomías da potestad a las alcaldías para hacer políticas en este ámbito, pero Rurrenabaque no ha solicitado, por ahora, ser un destino turístico.
sábado, 7 de diciembre de 2013
Recorriendo las minas de Quime
“Tour Minero: recorriendo las minas de Quime” es el nombre con el cual el Gobierno Municipal de este distrito, ubicado en la provincia Inquisivi, continúa promocionando sus atractivos naturales, además del cotidiano vivir de los mineros.
“Esto es en colaboración con el Viceministerio de Turismo y la Alcaldía tiene su contraparte”, declaró Paulino Villanueva, alcalde municipal de Quime quien explica que el recorrido incluye el hospedaje, desayuno transporte ida y vuelta, con un bus que parte a las 06 am desde la ex Estación Central, luego se inicia con una visita a la mina Argentina (equipos de seguridad para los turistas, incluido almuerzo con la tradicional huatía preparada entre piedras calientes. Por la tarde, visita al Ingenio Molinos, guías de turismo, (un día) y de manera opcional la visita a las aguas termales.
Aguas termales, caminatas por montañas en los que se puede ver correr entre los rebaños de llamas y vicuñas a los caballos salvajes, luego, está la imagen de los imponentes nevados que rodean la población son los otros atractivos que presenta el municipio de Quime, que se halla a unos 5000 msnm.
La idea de fomentar otro tipo de turismo, funcional al entorno de vida de los pobladores y los mineros, las autoridades municipales del lugar proponen el Tour Minero.
Villanueva también comenta que “desde el ingreso al municipio, el visitante puede apreciar los túneles del ingenio Molinos, la Cara de Mono (una figura natural en roca), el minero aplastado, también la plantas hidroeléctricas, que datan de 1890”.
Por su parte, Apolinar Nina, ejecutivo de la Central Minera Caracoles, comenta que en un trabajo mancomunado con el municipio de Quime, su organización invirtió cerca de 40.000 bolivianos para el programa, dentro de lo que se cuenta el implemento que el turista vestirá “chalecos, botas, overol, el tradicional guardatojo, su lámpara y todo en seguridad industrial que se requiere para el interior mina” dijo.
Las inscripciones al evento para este tour pueden realizarse en las oficinas del Viceministerio.
“Esto es en colaboración con el Viceministerio de Turismo y la Alcaldía tiene su contraparte”, declaró Paulino Villanueva, alcalde municipal de Quime quien explica que el recorrido incluye el hospedaje, desayuno transporte ida y vuelta, con un bus que parte a las 06 am desde la ex Estación Central, luego se inicia con una visita a la mina Argentina (equipos de seguridad para los turistas, incluido almuerzo con la tradicional huatía preparada entre piedras calientes. Por la tarde, visita al Ingenio Molinos, guías de turismo, (un día) y de manera opcional la visita a las aguas termales.
Aguas termales, caminatas por montañas en los que se puede ver correr entre los rebaños de llamas y vicuñas a los caballos salvajes, luego, está la imagen de los imponentes nevados que rodean la población son los otros atractivos que presenta el municipio de Quime, que se halla a unos 5000 msnm.
La idea de fomentar otro tipo de turismo, funcional al entorno de vida de los pobladores y los mineros, las autoridades municipales del lugar proponen el Tour Minero.
Villanueva también comenta que “desde el ingreso al municipio, el visitante puede apreciar los túneles del ingenio Molinos, la Cara de Mono (una figura natural en roca), el minero aplastado, también la plantas hidroeléctricas, que datan de 1890”.
Por su parte, Apolinar Nina, ejecutivo de la Central Minera Caracoles, comenta que en un trabajo mancomunado con el municipio de Quime, su organización invirtió cerca de 40.000 bolivianos para el programa, dentro de lo que se cuenta el implemento que el turista vestirá “chalecos, botas, overol, el tradicional guardatojo, su lámpara y todo en seguridad industrial que se requiere para el interior mina” dijo.
Las inscripciones al evento para este tour pueden realizarse en las oficinas del Viceministerio.
El salar de Thunupa mágico y único
El salar de Thunupa es único y se encuentra en el departamento de Oruro. Muchos confunden a este salar como el de Uyuni. Antiguamente, todo el salar, el sector que corresponde a Potosí y Oruro se denominaba como Thunupa. Sin embargo, se cree que fueron los turistas quienes visitaban la población de Uyuni y señalaban directamente que el salar también se llamaba así y se quedó con ese nombre.
Sin embargo, aquí hay un hecho que debe ser respetado. El sector del salar que pertenece al departamento de Oruro, se denomina Thunupa y seguirá con ese nombre hasta el fin del planeta Tierra. Lleva ese calificativo porque a orillas del salar está el volcán Thunupa, que tiene toda una historia.
Thunupa es el nombre de una deidad andina venerada por los pueblos del altiplano. Es considerado como el dios del volcán y del rayo. También se dice que es hermano del volcán Sajama y Sabaya, nevados que están en el departamento de Oruro.
Cuando Armstrong volvía después de su triunfal visita a la luna, observó desde el espacio un enorme ojo y prometió visitarlo a su llegada a la Tierra y así lo hizo, él estuvo en el volcán Thunupa, al cual lo calificó como el "ombligo del mundo".
El volcán Thunupa y su salar se encuentran en la provincia Ladislao Cabrera, que está en el Sur del departamento de Oruro y que se convierte en un encanto de nuestra tierra.
Les dejamos con varias imágenes de este paisaje mágico y único en el planeta. Mezclamos algunas imágenes con el salar de Uyuni, extractadas del portal panoramio.com.
Sin embargo, aquí hay un hecho que debe ser respetado. El sector del salar que pertenece al departamento de Oruro, se denomina Thunupa y seguirá con ese nombre hasta el fin del planeta Tierra. Lleva ese calificativo porque a orillas del salar está el volcán Thunupa, que tiene toda una historia.
Thunupa es el nombre de una deidad andina venerada por los pueblos del altiplano. Es considerado como el dios del volcán y del rayo. También se dice que es hermano del volcán Sajama y Sabaya, nevados que están en el departamento de Oruro.
Cuando Armstrong volvía después de su triunfal visita a la luna, observó desde el espacio un enorme ojo y prometió visitarlo a su llegada a la Tierra y así lo hizo, él estuvo en el volcán Thunupa, al cual lo calificó como el "ombligo del mundo".
El volcán Thunupa y su salar se encuentran en la provincia Ladislao Cabrera, que está en el Sur del departamento de Oruro y que se convierte en un encanto de nuestra tierra.
Les dejamos con varias imágenes de este paisaje mágico y único en el planeta. Mezclamos algunas imágenes con el salar de Uyuni, extractadas del portal panoramio.com.
viernes, 6 de diciembre de 2013
El destino Sucre se difunde entre actores turísticos
Más de un centenar de operadores y empresarios vinculados al ámbito turístico participaron del primer workshop del destino Sucre en La Paz. Fue la oportunidad para mostrar los atractivos más representativos de la Capital y su potencial productivo respecto a la industria sin chimeneas.
Ayer, desde mediodía en el hotel Casa Grande de La Paz, 24 empresas chuquisaqueñas tanto del ámbito turístico como productivo, en alianza con el Gobierno Municipal, promocionaron el destino Sucre con el fin de concretar alianzas con los actores paceños e incrementar la afluencia de turistas a Sucre.
Desde La Paz, la directora Municipal de Turismo, Gabriela Sahonero dijo estar satisfecha con la recepción de los operadores de turismo, agencias de viaje, hoteleros, empresarios, restaurantes, colegios de profesionales y autoridades que participaron de la actividad.
“La gente en La Paz ha hecho una evaluación muy positiva, y el viceministerio de Turismo, Marko Machicao, que hizo la presentación, realzó los servicios turísticos de Sucre y el esfuerzo q de articulación entre actores públicos y privados”, comentó.
Indicó que tras la presentación oficial y distribución de materiales de promoción ya se concretaron los primeros acercamientos entre actores turísticos de ambas ciudades y que los resultados oficiales de las intenciones de negocios, acuerdos y apertura de nuevos mercados se darán a conocer en los siguientes días.
Ayer, desde mediodía en el hotel Casa Grande de La Paz, 24 empresas chuquisaqueñas tanto del ámbito turístico como productivo, en alianza con el Gobierno Municipal, promocionaron el destino Sucre con el fin de concretar alianzas con los actores paceños e incrementar la afluencia de turistas a Sucre.
Desde La Paz, la directora Municipal de Turismo, Gabriela Sahonero dijo estar satisfecha con la recepción de los operadores de turismo, agencias de viaje, hoteleros, empresarios, restaurantes, colegios de profesionales y autoridades que participaron de la actividad.
“La gente en La Paz ha hecho una evaluación muy positiva, y el viceministerio de Turismo, Marko Machicao, que hizo la presentación, realzó los servicios turísticos de Sucre y el esfuerzo q de articulación entre actores públicos y privados”, comentó.
Indicó que tras la presentación oficial y distribución de materiales de promoción ya se concretaron los primeros acercamientos entre actores turísticos de ambas ciudades y que los resultados oficiales de las intenciones de negocios, acuerdos y apertura de nuevos mercados se darán a conocer en los siguientes días.
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