domingo, 31 de julio de 2011

LA ARQUITECTURA COLONIAL Y REPUBLICANA REFLEJA LA HISTORIA LOCAL DE SUS HABITANTES DE ANTAñO

Uno de los tesoros más valiosos y poco preservados de la ciudad es la arquitectura colonial y republicana. Actualmente el casco viejo tiene una pequeña muestra de ella, algunas casonas que se mantienen en el tiempo pero que poco a poco están despareciendo del imaginario urbano.

Cochabamba tenía un tipo de edificación que era especial y muy particular; por ejemplo: de acuerdo a la descripción realizada en el libro “La larga marcha de los cochabambinos de la Villa de Oropeza a la Metropolización” de Humberto Solares Serrano, la ciudad estaba conformada por dos plazas, la de San Sebastián y la Plaza Mayor; y alrededor de ésta última se concentró la edificación colonial, seguida por la republicana.

Debido a factores de producción la Villa empezó a evolucionar hacia la ciudad, es decir que dejó de ser la aldea rural que cobijaba a los hacendados y grandes terratenientes para convertirse en un centro urbano de amplio crecimiento, situación que impulsó la construcción citadina, con estilos arquitectónicos propios de la época.

Francisco de Viedma, gobernador intendente de la provincia de Santa Cruz en 1788, ahora Cochabamba, realizó una descripción de la ciudad en la que menciona las casas de altos, bastante grandes, cómodas y sólidas, hechas de adobe crudo, aunque también habían algunos portones de piedra; todas con balcones de madera y el techo cubierto de teja. El resto eran construcciones de un solo piso y no muy grandes, como que muchas en los extramuros eran pequeños ranchos del mismo material y cubiertos con paja.

La arquitecta Patricia Dueri afirma que dentro la arquitectura colonial del siglo XVI, XVII y XVIII las casas se estructuraban a través de un acceso principal denominado zaguán, espacio físico que comunicaba al patio con las habitaciones que se encontraban alrededor. En aquella época, el primer patio estaba orientado hacia la calle y las actividades segundarias se distribuían en el segundo y tercer patio.

En la arquitectura republicana de fines del siglo XIX y principios del XX se conservaban algunos detalles de la anterior arquitectura como el “zaguán”, pero se incorporaron los asientos de piedra o poyos de mampostería y en general el concepto de “patio” se siguió manteniendo, aunque edificado a mayor escala.

Dueri afirma que el boom de la arquitectura en Cochabamba se dio en el periodo comprendido entre 1870 y 1910. Dentro de todo ese esplendor arquitectónico, un aspecto importante y que pocas veces es tomado en cuenta es la fachada de la vivienda, en la que se resaltaban las puertas y ventanas con dinteles rectos o bien arcos rebajados. Aun ahora la ciudad se encuentra adornada por su peculiar belleza y denotación histórica.

las puertas del tiempo

La calle Santiváñez todavía muestra una imagen tradicional de la historia arquitectónica de la ciudad de Cochabamba, aunque algunas de estas casonas ya están intervenidas por nuevas construcciones.

La mayoría de estas casas está construida en uno y dos pisos, de muros de adobe y grandes portones, que tienen una historia que contar detrás de cada detalle, sólo es cuestión de saber descubrirlas.

Al caminar por sus calles estrechas se observa la variedad de portones que existen, sólo en una cuadra, claro que hay muchas que han sido modificadas pero otras se conservan intactas y nos permiten leer por su forma, textura y diseño.

Patricia Dueri asegura que la mayoría de las puertas coloniales y de principios de la República fueron elaboradas en madera; y que durante la época republicana comenzaron a incorporarse nuevos detalles en su arquitectura como el fierro forjado.

puertas coloniales

La descripción que realiza esta arquitecta acerca de las puertas coloniales muestran una tendencia de portones amplios, de diseño simple, con dinteles rectos o arcos rebajados.

El detalle de estos portones es que estaban elaborados en base a largos tablones de madera gruesa, los que eran colocados en sentido vertical y por detrás estaban sujetos por travesaños horizontales, los que requerían de grandes clavos forjados y remachados en la cabeza. “Estos remaches se ven al exterior de la puerta y le dan un toque característico del estilo colonial”, asegura Dueri.

Otra de las particularidades en la construcción de portones de aquella época, y que también contamos con algunos ejemplos en la ciudad, es el marco de madera superior, el cual era denominado portón. “La mayoría de estas puertas están expuestas en los templos o casas solariegas y que a simple vista pueden describirse como una puerta menor dentro de una mayor”, asegura Dueri.

Por otra parte, y simplemente como un anecdotario, algunas edificaciones coloniales presentaban un apoyo de madera, piedra u otro material, lo que se consideraría como un banco de diferentes materiales, adosado en uno de los laterales de la puerta que servía para que los transeúntes tomen un descanso.

“Esta figura es todavía visible en la ciudad pero con el paso de los tiempos se está perdiendo”, asegura Patricia Dueri.

Otro aspecto importante que hacen de estos portones muy llamativos es su tamaño, por lo general eran fabricados de acuerdo al ancho de portón que deseaban, pues este tamaño se duplicaba y ese era el alto empleado.

EL ESTILO DE FINES DEL SIGLO XIX

A partir del año 1870 la arquitectura de la ciudad adoptó el estilo Neoclásico y posteriormente el Neogótico; y las puertas no quedaron al margen de dicha influencia.

“Las puertas fabricadas en este periodo son las más fáciles de reconocer puesto que en algunos casos los portones aún llevan una inscripción del año en que se construye la edificación”, asevera Dueri.

Los portones en el periodo republicano también comenzaron a desarrollar una imagen más decorativa, seguían siendo de madera pero incorporaron el elemento del tallado, en los que se centraban detalles decorativos simétricos, haciendo uso de pilastras con estrías, frontones, remates y rombos y por encima de la puerta a manera de mayor vistosidad se armaba un arco de medio punto semicircular, en el que se insertan piezas de hierro forjado en forma radial.

“Esta pieza funciona como un tragaluz del zaguán y de ventilación”, afirma Dueri. Las puertas Neoclásicas se reconocen por el arco de medio punto y las Neogóticas por el arco ojival.

GOLPEADOR DE PORTÓN

Este es un elemento elaborado en metal fundido y servía para golpear a la puerta, razón por la cual también se denomina llamador. Actualmente quedan muy pocos de éstos con figuras de leones y manos en la ciudad, incluso no serían más de cinco ejemplares.

Muchos de estos golpeadores tenían formas que representaban las características de algunos de los propietarios de las viviendas, por ejemplo: una mano de una dama con anillo significaba que en esa vivienda habitaba una señora casada, o si la mano no tenía anillo, se informaba a la sociedad que allí vivía una dama soltera o casamentera.

En Tarata todavía quedan algunos llamadores en portones de madera; la mayoría tiene forma zoomorfa, como por ejemplo vacas, cerdos y corderos; posiblemente fueron utilizados como un indicador de las labores económicas que se desarrollaban en ese hogar.

HISTORIAS QUE DESAPARECEN

Muchas de las casonas del centro de la ciudad están desapareciendo ante el avance irrefrenable de la modernidad. Hay nuevas edificaciones en terrenos protegidos por leyes bolivianas y reglamentos municipales vigentes.

Patricia Dueri asegura que ésta es una situación difícil de controlar cuando no existe una política estricta de preservación del patrimonio arquitectónico y más aún un sistema de difusión de los valores que poseen las edificaciones patrimoniales para la ciudad.

Posiblemente, a muy corto plazo, las puertas que aún sobreviven en el perímetro urbano se conviertan en un simple recuerdo fotográfico, negando a las generaciones futuras la posibilidad de encontrarse con la historia.