domingo, 1 de mayo de 2011

Zuk’arani, un albergue turístico que nació gracias a la quinua

“Mis sayañas (donde se posa la tierra, en aymara) están cerca al mirador de Zuk’arani, entonces como yo he sacado de ahí la quinua y la he traducido en dinero, con él que construí mi hotel, en reciprocidad y gratitud a la Pachamama, mi deseo es que mi región se conozca mundialmente”.

Hugo Chambi López describe Zuk’arani, el único y moderno hotel edificado en Salinas Garci Mendoza, como un lugar donde circulan leyendas y la fantasía popular las divulga. El municipio que circunda el salar de Uyuni, situado al sur del departamento de Oruro y al norte de Potosí.

El ahora empresario recuerda que nació en la región y que desde muy pequeño aprendió de sus abuelos a barbechar, cultivar y cosechar el grano, un trabajo que apenas les alcanzaba para comer. “Fueron tiempos muy duros, por eso, en cuanto salí bachiller viajé a La Paz por un año y trabajé en lo que pude, pero tuve que retornar aquí, por mis abuelos”.

De vuelta a la región y luego de formar su propio hogar, decidió estudiar junto a su esposa en la Normal de Maestros Franz Tamayo, que se encuentra en la comunidad cercana a Llica. “Costeamos nuestros estudios sembrando quinua, nos alcanzaba porque todavía no teníamos hijos. Cuando terminamos nuestros estudios, comencé a trabajar en la escuela de mi comunidad”, recuerda.

Al llegar sus tres hijos, la pareja tuvo que seguir trabajando en las parcelas heredadas por los abuelos de Chambi. “Sembraba unas cuatro ‘tareas’ (80 x 80 metros), de ahí sacaba 60 quintales, 15 por cada una. No podía producir más porque sólo trabajaba los fines de semana y cuando tenía tiempo, por eso, llegué a descuidar mis quinuales”, cuenta.

El productor explica que de la ganancia líquida le quedaba un excedente que fue ahorrando. “Ganaba cinco mil dólares por la producción, de los cuales, tenía que reinvertir dos mil, para cultivar la otra parcela que estaba en descanso”.

La oportunidad de emprender el negocio anhelado se presentó cuando llegó a Llica la primera escuela hotelera, donde, el entonces maestro se capacitó. “Asistí a varios cursos relacionados con el turismo y sobre cómo aplicarlo en la región donde vivía y trabajaba y descubrí el gran potencial que existía en Salinas”, narra.

Chambi ya tenía claro que lo que deseaba construir era un albergue para turistas, el lugar para hacerlo, fue el terreno que se encuentra en medio de la población de Salinas, legado por su abuelo, recién fallecido.

“Había ahorrado 15 mil dólares y entusiasmado contraté un arquitecto que diseñó la obra y comenzamos a levantar los umbrales”, indica. La primera fase de la construcción (los cimientos) había terminado, “pero también desapareció el monto inicial. No hicimos un diagnóstico real del total que teníamos que invertir en la obra, todo fue por cariño y la emoción de emprender el negocio”.

Para Chambi y su familia fue muy difícil seguir adelante, pero sus vecinos y amigos que trabajaban con grupos de turistas los alentaron a concluir la edificación, que sería la única en el lugar. Dos préstamos de entidades financieras, que sumaron el dinero suficiente ($us 12.000), les permitió concluir la obra.

El 2007 fue inaugurada una moderna infraestructura, conformada por dos cabañas con baños privados y con capacidad de albergar a cuatro personas cada una; cinco habitaciones de dos camas, sala, un comedor, dos baños y una cocina.

“Cada espacio tiene detalles típicos del lugar, como las mesas que en el centro exhiben porciones de las 12 variedades de quinua en pequeños compartimientos y están cubiertas por un vidrio”, describe el propietario.

Chambi reconoce que los dos primeros años no tuvieron muchos visitantes. El panorama cambió a partir del 2009 con la promoción del hotel a través de operadores de turismo de Oruro y Potosí. Como resultado, en temporadas bajas (desde noviembre hasta julio) hospedan turistas a un 30% de la capacidad del albergue y en las que épocas de mayor afluencia (desde agosto hasta octubre), llegan a cubrir entre el 90 ó 100%.

La actividad turística permitió que la familia Chambi se quedara en la comunidad. Además que la producción de quinua se fue incrementando debido a que las hectáreas de cultivo se ampliaron y permitieron generar fuentes de empleo. Chambi cuenta ahora con colaboradores; “son personas que me ayudan a sembrar y recoger unos 80 a 100 quintales cada 18 meses; me da una ganancia que me permite cumplir obligaciones”.

Hotelero y guía de turismo

Visitas
Hugo Chambi relata que con el tiempo aprendió a vivir, no sólo del turismo, sino para el turismo; por ello, cuenta con una vagoneta todo terreno, con la que periódicamente visita su sembradío y explica el proceso de producción a sus huéspedes. “Hay especialistas extranjeros que vienen específicamente a ver el cultivo”.

Calefón
Garrafas de gas, instaladas en el patio del hotel alimentan un sistema de calefacción interno, y el agua caliente con la que cuentan los baños.

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